Cuento de Navidad en Viena

Si tienes la suerte de viajar a Viena en diciembre para vivir el ambiente de los mercadillos y la iluminación de Navidad, y además la inmensa fortuna de que coincide una buena nevada que deja la ciudad cubierta por un grueso manto blanco, te parecerá como haber despertado en el escenario de un cuento. Navidad y nieve es algo indisoluble en nuestro imaginario, verdad?

Pues he sido afortunada y ha sucedido en mi escapada de fin de semana. Viena me ha parecido una ciudad esplendorosa, llena de palacios, museos, parques, enormes plazas… se respira la historia por todas partes, los tranvías se mantienen como han sido siempre, los carruajes de caballos repiquetean en las calles adoquinadas, todo se confabula para parecer como si estuvieras en una película de la época de Sisi o en el Amadeus de Mozart. Ambos personajes están presentes en todas partes, son como el emblema de la ciudad.

Vayamos por partes…

Me alojo en el Motel One Wien-Staatsoper, en la calle detrás de la Ópera, un edificio enorme con un hall precioso, perfectamente ubicado para recorrer a pie toda la Innere Stadt, el centro de la ciudad. El hotel no está mal, pero habiendo estado en otros hoteles de la cadena en Alemania o en Londres, éste me parece un poco frío y desangelado. Pero su ubicación es perfecta y su precio muy razonable. Nada más dejar las cosas no me dirijo hacia el centro, sino hacia el otro lado. Quiero ir a comer al Naschmarkt, el llamado nuevo templo gourmet de la ciudad, un antiguo mercado con puestos de especias, tés y productos de todos los lugares del mundo, y con una sucesión de restaurantes, turcos, vietnamitas, libaneses,… No es gran cosa, me parece un poco turístico, de estos lugares en los que los camareros te asaltan en la puerta y en los puestos te acosan para que pruebes cosas, ya estoy a punto de marcharme sin comer pero me doy de bruces sin esperarlo con el Neni, restaurante al que le tengo muchas ganas (hay uno en el Hotel Bikini en el Puerto de Soller) y donde se puede disfrutar de la siempre sabrosa y sana cocina israleí. Está tan lleno y me encapricho en comer allí sí o sí, que me siento fuera en la terraza donde casi tengo que comer con los guantes puestos del frío que hace, pero vale la pena!

De allí, pasando junto a la cúpula de hojas doradas del Pabellón de la Secesión, me voy directa al mercado de Advent Market Karlsplatz, a los pies de la inmensa de la iglesia Karlskirche. Es un mercado pequeño, tranquilo, sin mucha aglomeración, con familias y niños corriendo, con música en directo, con puestos de madera, artesanía, de productos ecológicos y biológicos… entro directamente en el cuento vienés lleno de lucecitas y olor a caramelo. Un sueño.

Vuelta a la Ópera y desde allí siguiendo la enorme avenida Ringstrasse que encierra el centro (como las Avenidas de Palma) a través de la Opernring y de la Burgring (cada tramo tiene un nombre) llego al barrio de los museos, una sucesión de imponentes edificios y jardines. En uno de ellos se celebra el mercado Christmas Village Maria Theresen Platz rodeado de setos con lucecitas, y lleno de puestos de vino y bollos de canela. Atravesándolo, y cruzando la Museumplatz, entras en un centro cultural con multitud de galerías de arte y donde se celebra en el patio un mercado más moderno, el Winter at Museumquartier, con casetas a modo de iglús.

Por un lateral justo desde allí parte la calle Burgasse que te lleva a la encrucijada de callejones del distrito 7, el barrio de moda y donde se celebra el Spittelberg Market, muy apreciado por los locales.

Y ya desde allí pasando por delante del Parlamento, llegas al Ayuntamiento, donde me encuentro con el mercado más grande y popular de la ciudad, el Rathaus Market. Un gran arco de luz me recibe y se abre ante mí un enorme parque con pista de patinaje, noria, trenecito, y donde hay caminos serpenteando entre árboles decorados con corazones, bolas de luz y bosques de luz… donde huele a castañas asadas y a patatas fritas. No es el mercado más bonito, pero sí el más visitado y concurrido, es un poco como Disneyland. Las enormes torres del ayuntamiento y el árbol de navidad gigante lo dominan. Recorrerlo y admirar las atracciones y los detalles te puede llevar unas dos horas.

Justo en ese momento empieza a nevar, al principio muy débilmente pero después con más fuerza. Se hace tarde y decido volver al hotel en un tranvía, sin antes dar un paseo por las inmediaciones para ver como todo se va tiñendo de blanco.

A la mañana siguiente, con la ilusión de un niño, corro a abrir las cortinas de la habitación para encontrarme un paisaje totalmente nevado. Nieva en Viena!! Casi un palíndromo!

Hoy lo dedico a pasear por las calles del centro. Empiezo por la calle peatonal Kärtner Strasse, y viendo que a las 9 de la mañana no hay cola (ayer había como 20-30 personas en la puerta) entro en el Cafe Sacher, creadores la famosa tarta de chocolate. 7,10€ un trozo de tarta minúsculo y 5,70€ un café con leche, eso sí servido muy pomposamente por camareras vestidas de doncellas y camareros de lacayos con guantes, todo rodeado de cuadros de época y antigüedades. Todo un espectáculo que sí, hay que hacerlo si vas a Viena.

En la esquina al inicio de la calle,  junto al famoso Cafe Gerstner, la tienda Popp & Kretschmer luce un enorme lazo rojo a modo de regalo, muy fotografiable. Si continuas la calle llegas hasta la plaza de la Catedral, Stephansplatz, punto neurálgico de la ciudad, pero antes conviene girar a la izquierda hacia Neuer Markt, donde está el convento de los Capuchinos y donde está enterrada Sisi. Como curiosidad, en muchas plazas de Viena venden por estas fechas árboles de navidad, y con la nieve, que sigue cayendo con fuerza, parecen bosques de postal. Muy bonito.

Si tienes tiempo en la Catedral, se puede visitar tanto la torre norte como la torre sur, ambas con vistas espectaculares. Como el cielo está densamente tapado, no lo hago. En cambio buscando un poco de calor y refugio, me meto sin quererlo en los almacenes Steffl donde desde el último piso se puede admirar tanto la catedral como los tejados del centro, en esta ocasión deliciosamente azucarados.

Rodeando la Catedral hay otro mercado navideño, el Stephansplatz Market. Continuando un poco más me adentro en Rotenturmstrasse, decorada con enormes bolas de color rojo. Si la sigues llegas al Danubio, pero también si giras hacia la izquierda llegas al Hoher Markt donde puedes contemplar en lo alto el reloj Anchor Clock (Ankeruhr) que une dos edificios. A las 12 en punto todas las figuritas históricas se ponen a desfilar. Son las 11 y sólo suena y cambia la aguja, leo que en estas fechas por la tarde lo hace con música popular navideña.

Bajando por Tuchlauben llego a la otra encrucijada neurálgica del centro, entre Kohlmarkt donde se encuentran las tiendas de lujo y Graben, la gran avenida que en Navidad está decorada con preciosas luces a modo de enormes lámparas de palacios. Una señora toca el violín en un portal. Dan ganas de bailar un vals al ritmo de Strauss. La gente está entusiasmada admirando la belleza de esta calle. En medio de Graben, rodeada de árboles de navidad, la Columna de la Peste. Y escondida en una callecita la Iglesia de San Pedro, donde se exponen bonitos belenes.

Sigo Kohlmarkt hacia abajo y entre las guirnaldas de luces, ya veo al fondo la majestuosa silueta del Hofburg, el palacio imperial. Aquí en la redonda plaza Michaelerplatz hay otro mercadillo y mucha animación. Gente haciendo cola en otro café histórico, no… no es el Starbucks, es el Cafe Klimt. Junto al palacio, de inmensas proporciones y diferentes edificios, está la afamada Escuela Española de Equitación, se pueden ver los caballos en sus cuadras. Más abajo la Biblioteca Nacional, la iglesia de San Agustín y el Museo Albertina. Sabiendo que quería volver por la tarde a estos sitios para ver las iluminaciones, no me entretengo mucho y me dirijo en esta ocasión por Herrengasse hacia el Cafe Central, otro (y ya van…) de los cafés históricos de la ciudad. Imposible entrar, la cola se adivina eterna, y ahora sí nieva con fuerza. Me topo, azarosamente, con el Ferstel Passage, una bonita galería comercial cubierta que me salva la vida, y donde me detengo a comer algo. Al salir, por el otro lado me encuentro con el mercado de Freyung, el más ecológico y sostenible de todos. Y pegado a él, muy cerca, el mercado de Am Hof.

Llegado este momento, quiero llegar a los mercados más lejanos antes de que anochezca, el del palacio Schonbrunn y el del palacio Belvedere. Como el de Schonbrunn cierra antes, consulto el plano del metro (la linea U4 lleva hasta allí) y para allí me voy, idea que por lo visto han tenido también cientos de turistas. Al llegar compruebo que aquí ha caído más nieve que en el centro. El ambiente es de un frío intenso, olor a salchicha y codillo.

Vuelvo al centro para coger al tranvía D que me lleve al otro palacio, el de Belvedere, pero una manifestación ha cortado varias calles y el tranvía no pasa. Son ya las siete de la tarde y decido que no importa, que ya puedo volver a pasear por las calles para ver las luces. Las de Graben me dejan impactada, es como estar en un palacio al aire libre. No hay rincón en Viena sin iluminar, hasta la tienda más sencilla, todo es ambiente festivo, la gente está en la calle no importa el frío que haga. Hay animación en cada plaza, en cada esquina.

Vuelos: Otra vez, lo tengo que mencionar, la escapada me ha salido baratísima… 40 euros ida y vuelta con Vueling la ida y con Level la vuelta. Es cierto que luego los hoteles y los gastos allí pueden ser elevados, pero todo es cuestión de encontrar el equilibrio.

Cafés de Viena:

Cafe Sacher, son los creadores de la tarta Sacher. hay que ir sí o sí. Está junto a la Ópera y se pueden formar largas colas. Aconsejo ir a primera hora de la mañana a tomar el primer café

Cafe Demel, rivaliza por la autoría de la tarta Sacher

Cafe Mozart

Cafe Gerstner

Cafe Klimt

Cafe Central

Cafe Landtmann

Restaurantes tradicionales: hay que probar el schnitzel (un escalope de ternera, aunque también lo hacen de cerdo) o el goulash.

Stadtboden, cervecería brasserie

Zum weissen Rauchfangkehrer

Purstner

Transporte: llegar al centro de la ciudad es muy fácil, tienes dos opciones de tren:

  • El CAT (City Airport Train), cuesta 19 euros ida y vuelta y te deja en Landstrasse – Wien Mitte. No tiene pérdida porque por el aeropuerto está muy anunciado, es el tren verde. Tarda 15 minutos sin paradas.
  • Otra opción, más barata, y la que usan los locales y cada vez más los turistas, es coger el tren regional S7, que hace el mismo recorrido pero al tener unas cuantas paradas acaba tardando un poco más, 25 minutos. Cuesta 4.20€ por trayecto, eso sí… no sé si se puede comprar online pero lo recomiendo, las colas que se forman en las 3 únicas máquinas que hay en la terminal se hacen interminables. Para ahorrar un poquito, si piensas comprar algún abono transporte de 24, 48 o 72 hrs, entonces no hace falta que compres el billete entero, tienes una parte incluida en el abono y basta con comprar una extensión de un billete sencillo fuera de los límites de la ciudad, que cuesta sólo 1,80€. Por ejemplo: yo compré un abono 48 horas (compensa porque cuesta 14.10€ y si sumas cada viaje individual a 2.40€,  con la ida y vuelta al aeropuerto + ida y vuelta al Palacio Schönbrunn + ida y vuelta en tranvía al Palacio Belvedere + algún otro trayecto pintoresco en tranvía, ya lo has amortizado). Con eso, el viaje desde/hacia el aeropuerto ya sólo cuesta 1.80€
  • Una vez en Mitte ya puedes enlazar con el metro, con un tranvía o con un autobús. Yo concretamente cambié al metro, línea U4, que dos paradas después me dejaba en Karlsplatz, junto a la Ópera, donde tenía mi hotel.
  • El abono sólo hay que validarlo antes de entrar la primera vez, el ticket sencillo también, y ya está, no hay tornos, no hay nada… despreocúpate del transporte, y súbete cuando te apetezca.


Álbum

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