Argentina, de camino a la Antártida

Pasé por Argentina rumbo a la Antártida —de eso hablaré más adelante—. Era mi primera vez en el hemisferio sur, en Sudamérica y, por supuesto, en Argentina. No podía dejar pasar la oportunidad de conocer la vibrante Buenos Aires, y tampoco algunos de los grandes paisajes de la Patagonia, que quedaban de camino hacia el extremo sur, hasta Ushuaia, desde donde zarpaba mi barco hacia el séptimo continente.

Volé a Buenos Aires desde Madrid con Air Europa. ¿Sabíais que podéis pujar por un asiento en clase business? Si vuestra oferta es aceptada, podéis viajar con toda la comodidad de business por un precio muy inferior al habitual. Eso sí: conviene calcular bien la puja para no pasarse y pagar de más… ni quedarse cortos y que se la asignen a otra persona. La confirmación llega solo unas horas antes del vuelo, pero si os la conceden, además del asiento disfrutaréis también del acceso a las salas VIP del aeropuerto.

Buenos Aires es una ciudad inmensa. Diría sin dudar que podrías pasar una semana allí y aun así dejar cosas pendientes. Si, como me ocurrió a mí, dispones de poco tiempo —en mi caso, apenas un día y medio— conviene planificar muy bien qué ver y cómo moverse para optimizar tanto el tiempo como las distancias.

Lo más habitual es llegar a Buenos Aires por el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini (Ezeiza). Desde allí hasta el centro hay unos 45–60 minutos, y básicamente existen dos opciones:

  • Bus (Tienda León) — Cuesta unos 8 € y te deja en el centro, cerca del final de la Avenida 9 de Julio. También ofrecen traslado al otro aeropuerto, Aeroparque Jorge Newbery, si necesitas enlazar con un vuelo doméstico.
  • Taxi o Uber — Suele rondar los 30 € hasta el centro.

Me alojé en el NH Collection Crillón, en la Avenida Santa Fe, en el barrio de Retiro. La parada del bus quedaba a solo ocho minutos a pie, así que la opción del bus fue perfecta para mí.

Para moverte por Buenos Aires, además de caminar, puedes usar Uber, el metro —el Subte, como lo llaman allí, uno de los más antiguos del mundo— o el bus, el famoso colectivo. Este último, ya te aviso, es casi un deporte de riesgo: la conducción en la ciudad es caótica y acelerada, y las paradas pueden resultar bastante confusas. Aun así, lo recomiendo para vivir la experiencia porteña completa. Tanto el metro como el bus se pueden pagar directamente con una tarjeta contactless, y los precios no llegan al euro: 0,85 € el metro y 0,50 € el bus. (Actualización: las tarifas subieron a partir del 18 de febrero de 2026.)

Me advirtieron bastante sobre la inseguridad en Buenos Aires, pero, en mi caso, no tuve esa sensación. Si te mueves por las zonas céntricas, comerciales o turísticas, basta con prestar el mismo nivel de atención que en cualquier gran ciudad con mucha gente y evitar posibles despistes. Las recomendaciones habituales son ir atentos a los carteristas, no llevar la mochila abierta, evitar llevar el móvil en la mano, y preferir Uber a los taxis, ya que los trayectos quedan registrados. También aconsejan no caminar de noche por zonas poco transitadas. Obviamente, hay barrios más conflictivos —como Barracas o Parque Patricios—, aunque lo más probable es que no tengas motivos para ir por allí. En el centro verás mucha presencia policial, tanto municipal como autonómica, lo cual aporta bastante sensación de control.

Como comentaba, conviene planificar al detalle cada jornada; al menos, tener claro qué barrio quieres recorrer cada día. Yo disponía de muy poco tiempo, así que marqué en un mapa todos los puntos que quería visitar y tracé una ruta razonable entre ellos. El plan quedó más o menos así:

Mi primer día no iba a ser completo: llegué al hotel alrededor de las doce del mediodía. Desde allí tomé directamente el metro —muy bien ubicado junto al alojamiento— y me planté en el barrio de San Telmo, que además, al ser domingo, estaba en pleno mercado. Caminé por la Avenida de la Independencia hasta encontrar la estatua de Mafalda. Buenos Aires adora a esta niña contestataria e insolente, y no es casualidad que muchos de los souvenirs giren en torno a ella.

San Telmo, Buenos Aires

Siguiendo por la calle Defensa, todo se convierte en un desfile de mercados callejeros, puestos de antigüedades y pequeñas ferias. Aparece la Feria del Adoquín, la Feria de las Artes, y un ambiente vibrante, lleno de gente y con mucho calor. En un momento dado me refugié en el maravilloso Mercado de San Telmo, atraída por el intenso olor a carne asada. Dentro, una algarabía de tiendas retro, vinilos, arte, restaurantes tradicionales… un caos encantador. Continué hasta la Plaza Dorrego, donde varias parejas bailaban tango en plena calle.

San Telmo, Buenos Aires
San Telmo, Buenos Aires

Desde allí, mi segundo plan del día era pasar la tarde en el colorido y pintoresco barrio de La Boca. Podría haber ido en Uber —son unos 40 minutos de caminata y el sol apretaba—, pero decidí ir a pie para poder pasar por el célebre estadio del Boca Juniors, auténtica meca del fútbol argentino. Fue una decisión acertadísima: sin saberlo, era día de partido. A pesar de faltar más de cinco horas para el inicio, las peñas ya estaban en la calle, cantando, bebiendo y llenándolo todo de color. Fue un momento impresionante, una mezcla de fiesta, pasión y ruido que te envuelve por completo.
No me sentí incómoda ni insegura en ningún momento; había muchísima policía y el ambiente era más festivo que otra cosa. Pude ser testigo del fervor casi religioso que los argentinos sienten por el fútbol.
El estadio, la famosa Bombonera, es muy peculiar: parece “media cancha”, ya que no tiene gradas en uno de los laterales. Está pintado de azul y amarillo, los colores del club, y las calles que lo rodean están llenas de murales, sobre todo de Maradona, aunque también aparece Messi aquí y allá.
Me sorprendió descubrir que, pegadas al estadio y cruzando todo el barrio a pie de calle, pasan unas vías de tren. Es la línea de un tren de carga que conecta la zona portuaria. Los días de partido no circula para evitar incidentes.

La Boca, Buenos Aires
La Boca, Buenos Aires
La Boca, Buenos Aires

Si algo caracteriza al barrio de La Boca son sus casitas de colores, sus calles empedradas y sus artistas, especialmente en la célebre esquina de El Caminito, uno de los lugares más fotografiados del mundo. Pero hay que añadir otro rasgo igual de presente: el turismo. Las calles están llenas de tiendas de souvenirs y restaurantes de calidad más bien mediocre. Y sí, yo también era turista allí, pero no tardé en escapar de esa zona tan saturada. Me entretuve en cambio junto al canal, viendo llegar autobuses abarrotados de hinchas que venían para el partido —literalmente, asomaban por las ventanas—, cantando y tocando el bombo. Una escena caótica y fascinante a partes iguales.

La Boca, Buenos Aires
La Boca, Buenos Aires
La Boca, Buenos Aires
La Boca, Buenos Aires
La Boca, Buenos Aires

Desde La Boca decidí volver al hotel en el ferry que conecta con Puerto Madero. Cuesta unos 16 € y sale a río abierto —para entendernos, mar abierto en versión Río de la Plata— pasando por debajo de los puentes de hierro de Nicolás Avellaneda. La ruta bordea toda la zona portuaria y continúa junto a la Reserva Ecológica Costanera Sur, unas tierras ganadas al río con la idea de urbanizarlas y por donde incluso se proyectó una autopista que nunca llegó a construirse por la inestabilidad del terreno. Hoy es la mayor área verde de la ciudad. El ferry desembarca en el moderno Puerto Madero, donde se puede visitar la Fragata Sarmiento, el primer buque escuela argentino, justo al lado del Puente de la Mujer, obra de Santiago Calatrava.

La Boca, Buenos Aires
La Boca, Buenos Aires
La Boca, Buenos Aires
La Boca, Buenos Aires
La Boca, Buenos Aires
Buenos Aires
Buenos Aires
Buenos Aires

El segundo día en Buenos Aires lo dediqué a la zona más monumental e institucional de la ciudad, con la Plaza de Mayo como epicentro. Allí se concentran la Casa Rosada, el Cabildo y la Catedral Metropolitana, presididos por una gran bandera nacional que ondea en el centro, testigo diario del cambio de guardia de los granaderos. Desde la plaza seguí por la Avenida Presidente Roque Sáenz Peña —que me recordó mucho a Madrid— hasta llegar al Obelisco, plantado en medio de la inmensa Avenida 9 de Julio, una de las más anchas del mundo.

Plaza de Mayo, Buenos Aires
Plaza de Mayo, Buenos Aires
Plaza de Mayo, Buenos Aires
Plaza de Mayo, Buenos Aires
Plaza de Mayo, Buenos AiresObelisco, Buenos Aires
Obelisco, Buenos Aires
Obelisco, Buenos Aires

Después me desvié hacia la Avenida Corrientes, con sus teatros, para ir a la popular pizzería Las Cuartetas, donde puedes probar una buenísima porción de fugazzeta: una pizza de cebolla y queso… muchísimo queso. El local es muy conocido, entre otras cosas, porque Maradona celebró allí su primera boda civil.

Avenida Corrientes, Buenos Aires

Seguí hacia la Plaza Lavalle, donde se alza el imponente Teatro Colón, y desde allí tomé la Avenida Santa Fe rumbo al Ateneo, el maravilloso teatro reconvertido en librería. En esta avenida podrías perder fácilmente toda una tarde: tiendas, movimiento, cafés, un ir y venir constante. Pero yo quería llegar hasta Palermo. Mi idea era pasar antes por el cementerio de la Recoleta para ver el panteón de Eva Perón, aunque al final no me cuadró en la ruta.

Plaza Lavalle, Buenos Aires
Plaza Lavalle, Buenos AiresAteneo, Buenos Aires
Ateneo, Buenos Aires
Ateneo, Buenos Aires
Ateneo, Buenos Aires

Desde el Ateneo tomé un autobús hacia Palermo Soho. Las calles entre la Plaza Serrano y la Plaza Inmigrantes de Armenia —como la calle Honduras—, llenas de árboles y palmeras, con casitas de un solo piso, están plagadas de murales, cafeterías de especialidad, restaurantes y tiendas de diseño. La sensación fue casi la de aterrizar en otra ciudad. Me parecía increíble estar en ese barrio tan tranquilo cuando, apenas unos minutos antes, iba en un autobús atravesando las frenéticas calles de Recoleta.
El calor era tan insoportable que acabé refugiándome en la heladería Rapa Nui, con su terraza interior a modo de oasis. No lo dudé ni un segundo. Los helados son maravillosos y, por supuesto, hay que probar el de dulce de leche.

Palermo - Soho, Buenos Aires
Palermo - Soho, Buenos Aires
Palermo - Soho, Buenos Aires
Palermo - Soho, Buenos Aires
Palermo - Soho, Buenos Aires
Palermo - Soho, Buenos Aires

Mi día tenía que terminar en el Ecoparque, donde tienen animales autóctonos de Argentina —capibaras, tapires, guanacos y muchos más— además de mariposas y flora local. Para mi sorpresa, después de caminar bajo 35 °C, descubrí que los lunes está cerrado. Mi gozo en un pozo. Si vais, por favor, disfrutadlo por mí.
Justo al lado está el Jardín Botánico, pero yo ya no podía más: estaba agotada, sudada y derretida, así que decidí volver en autobús al hotel para ducharme.

Tras refrescarme, dediqué un par de horas a la zona comercial de la calle Florida y sus alrededores. El maravilloso edificio de las Galerías Pacífico me sirvió de refugio climático —creo que pasé el día entero buscando refugios—. A medida que caía la tarde, callejear por esta zona se volvió una auténtica delicia.

Galerias Pacífico, Buenos Aires
Galerias Pacífico, Buenos Aires
Galerias Pacífico, Buenos Aires
Buenos Aires

Al día siguiente tenía el vuelo a El Calafate, así que volví a tomar el bus de Tienda León. Esta vez volaba desde el Aeroparque, a apenas quince minutos de la ciudad y situado junto al río.

ATENCIÓN: los vuelos domésticos los hice con Aerolineas Argentinas, el peso máximo de la maleta facturada es de 15 kilos. Si sobrepasa tendréis que pagar el sobrepeso, unos 15 euros, aunque sólo me lo cobraron en este trayecto del Aeroparque de Buenos Aires a El Calafate. Se tiene que pagar en efectivo (aceptan dólares) en un mostrador fuera de la terminal, lo que puede demorar un poco el proceso de facturación.

 

¿Qué decir de El Calafate? En plena Patagonia, es la base perfecta para algunas de las rutas de senderismo más conocidas y para las excursiones más populares de la región. Es, por supuesto, el punto de partida para visitar el glaciar Perito Moreno. Podrías pasar diez días aquí y aún así te quedarían lugares por descubrir.
Si prefieres que tu aventura sea estrictamente argentina, te recomendaría sin dudarlo el Perito Moreno y El Chaltén, la meca nacional del senderismo, con el Fitz Roy y el Cerro Torre como picos emblemáticos.
Sin embargo, yo llevaba años con una fijación: las Torres del Paine, en Chile. Desde El Calafate sale una excursión de un día completo, y no quise dejar pasar la oportunidad.

En total, pasé dos días completos en El Calafate —tres noches—, y esto fue lo que hice:

Me alojé en el Calafate Hostel, un establecimiento modesto pero muy popular. Además de las habitaciones compartidas, tiene habitaciones privadas con baño y ofrece un desayuno sencillo pero suficiente para arrancar el día. Como había reservado un tour con Patagonia Dreams, me regalaron el traslado desde el aeropuerto, así que al aterrizar ya me estaban esperando con un cartel.

El Calafate, Patagonia, Argentina

Lo primero que me sorprendió de El Calafate —que en esencia es una calle principal llena de restaurantes de asado, tiendas de souvenirs y un gran supermercado— fue la cantidad de gente que había para un pueblo tan pequeño (unos 25.000 habitantes). Y, sobre todo, la enorme cantidad de perros semiabandonados que deambulan por las calles. No son perros famélicos ni enfermos: al contrario, son perros grandes, bien alimentados y completamente tranquilos, durmiendo tirados en cualquier parte, en medio de la acera, en las puertas de los restaurantes o incluso dentro de las tiendas. Por lo visto, no son de nadie pero son de todos: la gente los quiere, los cuida y los alimenta. Aun así, pese a las campañas de castración, siguen multiplicándose.

En El Calafate como tal no hay mucho que hacer, es ideal porque tiene el aeropuerto y para servir de base de operaciones para comprar y dormir después de excursiones por la zona.

EXCURSIÓN AL GLACIAR PERITO MORENO CON NAVEGACIÓN

No cabe ninguna duda: es la imagen más icónica de la Patagonia argentina. Puede que no sea el glaciar más grande ni el más espectacular del mundo, pero su accesibilidad y sus intensos tonos turquesa lo convierten en uno de los más admirados. Su inmensa superficie, de unos 250 km², se reparte entre Argentina y Chile, aunque su frente cae sobre el Lago Argentino, con unos 60 metros de altura visibles y otros 170 sumergidos. Es un glaciar muy activo, que se mueve y se transforma con rapidez. Hasta 2020 se mantenía en equilibrio —perdía el mismo hielo que ganaba—, pero desde entonces los expertos han detectado un retroceso claro.

La excursión comienza con la recogida en autobús en los distintos hoteles, rumbo al oeste bordeando el Lago Argentino. Se hacen varias paradas para disfrutar de las vistas y luego se continúa por una carretera prácticamente recta donde suelen verse los primeros choiques, un ave autóctona parecida al avestruz pero más pequeña. En este tramo se pierde de vista el lago, que reaparece tras varias curvas al llegar al acceso Río Mitre del Parque Nacional Los Glaciares, donde hay que mostrar la entrada comprada previamente online aquí.

A partir de aquí, la carretera serpentea junto al lago hasta que, tras un giro, aparece por fin la mole de hielo del Perito Moreno en su frente sur. La excursión incluye de forma opcional una navegación en barco por el lago hasta el frente glaciar. Durante una hora se recorren las aguas entre icebergs desprendidos, acercándose lo suficiente como para apreciar grietas, agujeros, texturas y los distintos matices de azul del muro de hielo.

Tras la navegación, el autobús te lleva al centro de visitantes, desde donde parten las pasarelas de madera. Aquí se disponen de unas dos horas a tu aire (tres si no has hecho la navegación). Las pasarelas forman un entramado de rutas con escaleras que suben y bajan, permitiendo ver el glaciar desde múltiples perspectivas. Desde aquí se aprecia también el frente norte, aún más impresionante, y a veces se ven kayakistas navegando cerca. Es solo desde estas pasarelas, elevadas sobre el bosque, que se comprende realmente la magnitud del glaciar, desde las montañas hasta el agua del lago.

El día fue fantástico y el tiempo acompañó: el sol hacía que los colores del hielo resaltaran aún más. Una jornada maravillosa.

La excursión con la navegación incluida cuesta 120€ y dura unas 6-7 horas desde la recogida hasta el regreso. La entrada al Parque Nacional de los Glaciares cuesta 27€

 

Parque Nacional de los Glaciares, Perito Moreno, El Calafate, ArgentinaParque Nacional de los Glaciares, Perito Moreno, El Calafate, Argentina
Parque Nacional de los Glaciares, Perito Moreno, El Calafate, Argentina
Parque Nacional de los Glaciares, Perito Moreno, El Calafate, ArgentinaParque Nacional de los Glaciares, Perito Moreno, El Calafate, Argentina
Parque Nacional de los Glaciares, Perito Moreno, El Calafate, Argentina
Parque Nacional de los Glaciares, Perito Moreno, El Calafate, Argentina
Parque Nacional de los Glaciares, Perito Moreno, El Calafate, Argentina
Parque Nacional de los Glaciares, Perito Moreno, El Calafate, Argentina
Parque Nacional de los Glaciares, Perito Moreno, El Calafate, ArgentinaParque Nacional de los Glaciares, Perito Moreno, El Calafate, Argentina
Parque Nacional de los Glaciares, Perito Moreno, El Calafate, Argentina

EXCURSIÓN FULL-DAY A LAS TORRES DEL PAINE

Esta es una excursión durilla, pero no por el esfuerzo físico, sino por las muchas horas de carretera. Apenas se camina —solo una pequeña ruta de unos 45 minutos o 1 hora—, pero se hacen numerosas paradas en miradores para disfrutar de las vistas. Aunque no te adentras en el macizo de las Torres, sí las ves de frente, desde el otro lado de los lagos Sarmiento o Nordenskjöld. Las Torres del Paine propiamente dichas no siempre se dejan ver: solo aparecen desde el Mirador del Lago Sarmiento, y solo si las nubes lo permiten. A nosotros no se nos mostraron a la ida, pero sí a la vuelta. Lo que sí se ve todo el tiempo son los Cuernos del Paine, con sus dos colores característicos, esos picos que mucha gente confunde con las torres.

Conviene recordar que el parque tiene rutas de senderismo de todos los niveles: la subida a la Base Torres (unas 8 horas ida y vuelta), el trekking de la W (3–5 días) y el de la O (6–10 días), cruzando pasos de montaña, valles y glaciares. Fuera del macizo hay opciones más relajadas, y alojamientos para todos los gustos, desde campings hasta hoteles de lujo.

Las paradas incluidas en la excursión son: Mirador del Lago Sarmiento, Mirador del Lago Nordenskjöld, Salto Grande, Mirador de los Cuernos del Paine, Lago Pehoé y Laguna Amarga.

Durante el trayecto te entregan una bolsa de picnic con un sándwich de carne, una empanada, un zumo, agua, un alfajor, frutos secos y un muffin. Se va comiendo sobre la marcha porque no hay un momento largo para parar. El recorrido se hace en un camión todoterreno, ya que dentro del parque la carretera desaparece y se convierte en un camino polvoriento. Donde sí se hace una parada, tanto a la ida como a la vuelta, es en el pueblo de Esperanza, donde hay baños y un pequeño café.

A esto hay que sumar el tiempo de los trámites aduaneros, primero en el lado argentino y luego en el chileno, tanto a la ida como al regreso. La entrada a Chile es más tediosa: escanean la mochila y no se puede entrar con fruta, frutos secos, carne ni embutidos. Para obtener el QR obligatorio con la declaración jurada, hay que rellenar este formulario online el día anterior indicando el paso fronterizo Río Don Guillermo. La entrada al Parque Nacional también se compra online aquí.

La carretera hasta el parque es un auténtico espectáculo: más de 700 km (ida y vuelta) de tierras áridas dedicadas casi exclusivamente a la ganadería en grandes estancias. Se ven ovejas, vacas, caballos y, entre todos ellos, muchos guanacos, ese animal patagónico parecido a la llama. A mí, como fan de las señales de tráfico curiosas, me encantaron las advertencias de guanacos, de choiques y las de pumas, que también habitan la zona.

El día fue espléndido, con sol y vistas despejadas, salvo por el viento huracanado, el famoso viento patagónico. Hubo momentos en los que no podía sostener el móvil sin que pareciera que iba a salir volando, e incluso en algunos tramos del trekking casi nos tumbó. Y aun así, nos dijeron que aquello no era nada comparado con lo que puede llegar a soplar. Tuvimos también la suerte de cruzarnos durante el trekking con una manada de guanacos a los que pudimos ver muy de cerca.

La excursión full-day cuesta 165€ con comida incluida (viandas) y dura unas 14-15 horas. La entrada la Parque Nacional de las Torres del Paine cuesta 30€. Además hay que obtener un QR con la declaración jurada para el pase fronterizo con Chile. No olvides el pasaporte!

 

Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile
Parque Nacional Torres del Paine, Chile

Ambas excursiones en El Calafate las hice con Patagonia Dreams. Un diez en cuanto a organización, puntualidad, información y la comida el día de las Torres del Paine estaba buenísima!

 

Mi periplo continuaba hacia el sur con otro vuelo de Aerolineas Argentinas hasta Ushuaia, de poco más de una hora de duración. Al llegar también tenía la recogida incluida con la expedición a la Antártida, si bien yo había decidido llegar dos antes antes del inicio del paquete, por lo que pudiera pasar. Me alojé por mi cuenta esas dos primeras noches en el Hotel Alto Andino, con unas vistas espectaculares de la ciudad, la costa y las montañas, y me cambié al Hotel Albatros para la noche previa al embarque, que ya estaba incluida en el paquete.

Ushuaia, capital de la provincia argentina de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (cuanto me gusta este título…), está ubicada en la isla de Tierra del Fuego, en un recodo del Canal de Beagle, formando su puerto una pequeña bahía. Rodeada de espectaculares montañas, ya pertenecientes a los Andes, con cerros nevados y glaciares, es la ciudad más austral del planeta. Se podría debatir que Puerto Williams, en el lado chileno del Canal de Beagle, está más al sur, pero no es una ciudad, es un pueblo. Por tanto, Ushuaia es, y así se le reconoce, la ciudad más al sur del mundo, el confín de la tierra, el fin del mundo.

Su historia es apasionante, lo primero que te llama la atención es la cantidad de referencias que encuentras al episodio más reciente de su historia: la guerra de las Malvinas, algo que siguen teniendo muy presente y clavado en su corazoncito todos los fueguinos. Las Islas Malvinas, llamadas Falkland por los británicos, fueron declaradas territorio autónomo administrado por Reino Unido y forman parte del Comité Especial de Descolonización de la ONU. Otras dos islas adscritas a la provincia argentina, y también reclamadas, son las Islas Georgias del Sur (South Georgia) y las Islas Orcadas del Sur (South Orkney Islands), son consideradas territorios británicos de ultramar.

Pero también la ciudad está marcada en su historia pasada por eventos muy interesantes, Ushuaia acoge el penal del sur, una cárcel donde venían presos de todo el país en un intento de colonizar y repoblar la zona una vez reinsertados. El impresionante edificio es hoy es un museo, que acoge también el interesantísimo Museo Marítimo.

¿Qué se puede hacer en Ushuaia? No hice nada de esto, porque me dediqué a descansar y estar preparada para el inminente paso de Drake que me esperaba, pero éstas son las actividades más populares

  • navegación por el Canal de Beagle hasta la Isla Martillo donde hay pingüinos y focas
  • Parque Nacional de Tierra del Fuego y el famoso tren de Ushuaia
  • Laguna Esmeralda
  • Glaciar Marcial
  • Visita a las castoreras (los castores fueron introducidos desde Canadá, resultando nefastos para el ecosistema y el medio ambiente)

Ushuaia es una ciudad cara, no sólo porque es económicamente próspera debido a la industria electrónica, sino también porque recibe mucho turismo de lujo que se embarca hacia la Antártida. El nivel de vida es alto respecto al resto de Argentina, la cesta de la compra y los servicios pueden resultar caros y desproporcionados para el sueldo medio.

Ushuaia, Patagonia, ArgentinaUshuaia, Patagonia, Argentina
Ushuaia, Patagonia, Argentina
Ushuaia, Patagonia, Argentina
Ushuaia, Patagonia, ArgentinaUshuaia, Patagonia, ArgentinaUshuaia, Patagonia, ArgentinaUshuaia, Patagonia, ArgentinaUshuaia, Patagonia, Argentina
Ushuaia, Patagonia, Argentina

Todas las fotos del viaje

Deja un comentario