Islandia, tierra de hielo y fuego

Me va a costar recopilar en un único post toda la grandeza de Islandia. Me lo había contado mucha gente, lo había oído cientos de veces, lo sabía y tenía las expectativas muy altas, pero al final todo se queda corto hasta que no lo vives en primera persona. No sé cómo describir la magia que desprende, pero enseguida lo sientes en cuanto aterrizas. No hay vuelta atrás, Islandia te enamora de un flechazo. Ese pequeño país, esa isla perdida en medio del Atlántico Norte, rozando el círculo polar Ártico, con algo más de 300 mil habitantes y gran parte de su territorio inhabitado, te atrapa. Geológicamente es una joya, te sorprende como pueden convivir los elementos con tanta armonía, agua, hielo, fuego y tierra. Volcanes, mesetas, montañas, valles, glaciares, lagunas, desiertos, campos de lava, fiordos, playas, cuevas… el paisaje te deja sin habla, y se va sucediendo a lo largo de toda la isla, a veces de forma tan rápida y abrupta que no te da tiempo a asimilarlo.

 

Pero vamos por partes, hay mucho que contar.

A tener en cuenta:

Vuelos: desafortunadamente no hay vuelos directos con Palma. Así que las opciones pasan por hacer una escala, Barcelona o Londres son dos buenas opciones, incluso Alicante (tienen vuelo directo) o como fue mi caso, y algo más barato, por Hamburgo. Además, haciendo esta escala y siendo un vuelo nocturno, coincidí en gran parte del recorrido con el arco de la aurora boreal (pide ventanilla a la derecha). En cualquier caso, el precio rondará según la temporada, entre 200 y 300 euros.

Clima y temporadas: el clima no es tan frío como puede parecer para un lugar situado en esas latitudes. Como ocurre en el norte de Noruega, la corriente cálida del golfo templa los inviernos de esta zona del Atlántico Norte. Sin embargo el viento es el peor enemigo, porque éste suele ser polar, y la sensación acaba siendo de un frío helador. Y en invierno, además del frío acusan la falta de luz. Como es lógico, los meses de verano son los de más afluencia de turistas, sobre todo julio y agosto, en septiembre menos pero también. Ventajas del verano: días más largos gracias al sol de medianoche y mejor temperatura. Ventajas del invierno: auroras!

Precios: es un país caro, no nos engañemos. Todo es caro, el alojamiento, la comida, la gasolina, las excursiones y actividades. Prepara un fajo de billetes (o más bien ten a mano la tarjeta, ya que aquí se maneja muy poco efectivo, yo no usé nada en absoluto), porque venir a Islandia y no hacer cosas por ser caras es un pecado, si vienes ya sabes que el gasto será alto. Para hacerte a la idea, yo uso un café como baremo internacional. Allí te cuesta unas 600 ISK = algo más de 4 euros.

Plan de viaje: lo ideal es alquilar coche y hacer ruta para ir a tu aire, parándote donde quieras y viendo lo que te interesa el tiempo que estimes necesario. Así puedes ir a los sitios más visitados a las horas menos frecuentadas. Eso sí, planifica un poco la ruta y los tiempos para no quedarte tirado sin alojamiento. Otra opción, que es la que hice yo, es contratar excursiones con base en Reykjavik. Al viajar sola no me atreví a lanzarme en coche en solitario, no porque la conducción sea complicada, para nada lo es (la carretera 1 da toda la vuelta a la isla, no tiene pérdida), pero me dio apuro encontrarme con alguna complicación. Esta primera incursión me ha servido para reconocer el terreno y plantearme una viaje en coche para la próxima vez. En la capital hay hoteles de todas las categorías y presupuestos, y ya en ruta los hoteles suelen ser sencillos hoteles o albergues con baños o habitaciones compartidas. Otra idea es hacer ruta con autocaravana, así llevas tu alojamiento a cuestas y vas más a tu aire y horarios. La mayoría de las visitas más populares están en la costa sur y cercanías de Reykjavik, pero no es más que una pincelada de lo que Islandia tiene que ofrecer en zonas tan remotas como el noreste, las Highlands o los fiordos del oeste.

Para las excursiones y actividades yo lo hice todo a través de Guide to Iceland, ellos trabajan con todos los proveedores de la isla y te ponen muy fácil la reserva y te proporcionan información y guías utiles.

 

DETALLES:

Llegada. Como comentaba antes, en mi vuelo desde Hamburgo pude coincidir con la aurora boreal parte del camino. Al principio parecía una gran nube blanca que nos acompañaba, pero al sacar algunas fotos se apreció claramente el color verde. Ya con eso podría haber aterrizado y volver directamente a España, ya estaba compensado. Al llegar al aeropuerto hay servicio de shuttle que en 45 minutos te deja en la estación central de autobuses y después con minibuses te llevan a la zona del centro donde tengas tu hotel. Todo en Reykjavik funciona así por estar el centro semi restringido al tráfico, las recogidas para las excursiones se hacen en unas paradas establecidas.

Día 1. Dediqué la mañana a explorar Reykjavik para ubicar un supermercado (el más barato, Bonus, el del logo amarillo con el cerdito) o algunos cafés (Vynil Bistro, Reykjavik Roasters, Stofan Cafe). Mi hotel, el Sandhotel by Kea Hotels estaba en una de las calles principales, Laugavegur, llena de tiendas y cafés. La ciudad tiene una importante colección de street art, en cada esquina te encuentras un mural. Visité la iglesia de Hallgrímskirkja, desde lo alto de la torre se divisa toda la ciudad con sus ordenadas calles y sus casas de colores (algunas son de madera, pero la mayoría, me sorprendió, son de chapa!), así como el puerto y las montañas cercanas. El día era tan claro que todo lucía precioso. Dí un paseo por las calles principales y por la zona del Harpa, el enorme y moderno auditorio de cristales de colores.

A mediodía tenía el transfer para ir a la Blue Lagoon (Bláa lónið), que está cerca del aeropuerto, atravesando inmensos campos de lava. El lugar impresiona, vale, es tan popular y turístico que está muy masificado, pero es una vista obligatoria. Con la entrada más barata (125 euros, no muy barata precisamente) te proporcionan una toalla y una pulsera electrónica, con la que abrirás y cerrarás tu taquilla, podrás pedir la bebida y la mascarilla que te dan gratis, y donde se te cargaría cualquier posible gasto, que abonarías a la salida. La organización de un complejo tan grande como éste es pluscuamperfecta. Una vez sales al exterior, en bañador, con 7-8 grados de temperatura pero con viento frío, la sensación es extraña. El agua, a 39 grados, humea vapor por el contraste. El color es de un azul turquesa casi blanco lechoso, por la cantidad de sedimentos de sílice y azufre que contiene (en realidad deshechos de la central térmica cercana). Te advierten de quitarte joyas, relojes y gafas para que no se dañen, y de recogerte el pelo, no hay problema en que se moje pero se resecará y encrespará, por eso te recomiendan protegerlo previamente con suavizante. Allí me pasé la tarde, una experiencia maravillosa. Y desde luego, he convalidado el reto de mis baños anuales, jajaja.

Día 2. Hoy tocaba hacer la excursión del Golden Circle (Círculo Dorado), una de las más populares. Nuestro guía / conductor, Robert, un auténtico vikingo con su barba pelirroja, muy simpático, nos fue explicando curiosidades y tradiciones.

En esta excursión visitas el Parque Nacional Thingvellir (Þingvellir), lugar histórico por haber sido la sede del primer parlamento del mundo, en el año 930. Así mismo, en ese lugar se encuentran (o más bien se van alejando cada año) las placas tectónicas de América y Euroasia. Las imponentes fisuras rocosas y los enormes muros naturales dan a este lugar un carácter mágico.

Continuamos la visita parando a probar un helado artesano en la granja Efstidalur, donde pudimos ver pequeños terneros y jugar con los perros. También paramos en un campo cercano a ver y acariciar un par de caballos islandeses. Son adorables.

Seguimos después hacia Geysir, donde el geiser mayor está inactivo pero el pequeño Strokkur, cada 4-5 minutos expulsa el agua caliente contenida por la presión y al tocar el aire frío se convierte en vapor. Llovía mucho así que no pudimos estar todo el tiempo que me hubiera gustado.

Seguimos entonces para visitar una de las joyas de Islandia, la catarata Gullfoss (literalmente cascada dorada, da nombre al tour). Imponente en su fuerza, en su anchura y caudal, en su curva y distintos niveles. El ruido es ensordecedor. Algo realmente digno de ver. Por suerte sus propietarios (sí, sí, tiene dueños) se negaron a que el gobierno instalara allí una central eléctrica.

El tour termina con la visita al Kerid Crater (Kerið), un impresionante cráter de tierra roja con un lago interior de color aguamarina que se congela en invierno. Es el único sitio del Golden Circle donde te cobran entrada, pero son 3 euros de nada. Al final, un día muy completo, aunque bajo una fina pero constante lluvia.

Por la noche tenía contratado el tour de las Auroras. Había elegido este día desde España sólo porque coincidía con la luna nueva, pero ni idea de las previsiones. Cual es mi sorpresa que para esa noche era de 6 sobre 9, o sea muchas posibilidades de éxito! Lo malo es que el cielo estaba muy tapado y uno de los requisitos además de oscuridad y actividad solar previa, es que no haya nubes. Si puedes ver las estrellas entonces puedes ver las auroras, porque ocurren por encima de nuestra capa climática. Los organizadores, muy sabiamente, supieron elegir un sitio donde suele despejarse por quedar encerrado entre dos montañas, un sitio llamado Fossarétt. Al principio no veíamos nada y tuvimos que esperar bastante. Pero poco a poco se fue despejando y empezaron a aparecer como unas nubes blancas, pero que se movían y cambiaban de forma rápido, también como unos haces de luz blanca (como el rastro de un faro) que cruzaban el cielo. Tengo que decir que, a la vez que me emocioné mucho, también me decepcionó un poco, porque sinceramente esperaba un espectáculo visual de luces verdes en el cielo… y no. Nadie me dijo que las auroras, si no son muy intensas, al ojo humano le cuesta mucho verlas en la oscuridad, donde casi no captas los colores. Sin embargo a la cámara el cielo entero era verde. Puedo dar fe de ello, si no hubiera visto en la cámara lo que yo veía al natural, no lo habría creído. Tendré que probar suerte más veces hasta poderlas ver de colores con mis propios ojos! Nos hicieron muchas fotos, tantas como quisimos, algunas salieron mejor otras parecen irreales porque te echan un chorro de luz con una linterna para que salgas en la foto y parece que estamos delante de un póster. Pero juro que son de verdad, jajaja.

Día 3. Hoy amaneció con el cielo azul despejado, sin viento, y con una buena temperatura. Día estupendo para salir al mar a ver ballenas. En el puerto hay muchas compañías que hacen estos tours en Faxaflói, la bahía de Reykjavik, yo elegí Elding por parecer la más veterana y la más responsable con sus prácticas (hay una zona acotada con boyas en donde a las ballenas suelen reunirse a alimentarse y no puedes permanecer allí con el barco más de 30 minutos ni hacer movimientos bruscos que las asusten). No esperes encontrar ballenas jorobadas que salten y se dejen ver, ni orcas, al menos no en esta época del año ni en esta zona, más bien sólo ves minke whales (rorcual o ballena enana), marsopas y delfines de pico blanco. Pero es emocionante verles en libertad. El paseo en barco bien valió la pena también por las vistas y el paisaje.

Al regresar me di un paseo por el puerto y descubrí una zona para comer, el Grandi Mathöll, donde está la lonja de pescados, llena de puestos de street food. Un sitio encantador con una terraza junto al mar, súper apetecible cuando hace buen tiempo. Ya había descubierto ayer que hay otro mercado de este tipo en el centro, el Hlemmur Mathöll, con uno de los mejores restaurantes de la ciudad Skál!, donde también se come de lujo. yo es que soy muy de estros sitios donde se come bien de manera informal. Y ya desde ayer hice esa mi parada para que me dejaran en las excursiones para aprovechar, cenar allí y volver andando al hotel…. Pero eso a partir de mañana va a cambiar porque me voy en un tour de 2 días por el sur de la isla.

Día 4. Hoy salimos bien pronto de Reykjavik para aprovechar el tiempo. Vamos con Hinrik nuestro guía en un minibus de Troll Expeditions: David de Melbourne, Vicky de Taiwan pero residente en NYC, un grupito de tres chinos muy jóvenes de Shanghai y dos chinas instagrammers e influencers, que se relacionaban más bien poco. Un pequeño grupo, en plan familia grande, que al final resultó ser muy bien avenido.

Lo primero que llama la atención al ir alejándote de Reykjavik, y sobre todo cuando ya pasas la Central geotérmica de Hellisheiði, que suministra el agua caliente a toda la ciudad, es el contraste entre las tierras altas y la costa. Todo lo que es la meseta central de la isla, donde están los volcanes y los glaciares, está elevada y termina súbitamente cerca de la costa, dando lugar a montañas con pronunciadas laderas que parecen literalmente cortadas con un cuchillo. Por el borde bajo de la costa es por donde transcurre la ring road (la famosa carretera número 1).

La primera parada es Seljalandsfoss una espectacular cascada, que cae desde una altura de 60 metros desde las tierras altas, y que tiene un caminito y se puede pasar por detrás. Lleva chubasquero!

Seguimos después hacia Skógafoss, otra catarata imponente donde pudimos coincidir con un fotogénico arco iris. Cuando ves cascadas así te preguntas cómo puede llevar tanta agua de forma ininterrumpida, sin parar… De dónde viene tan agua? Vale, de los glaciares, pero taaaanta? A dónde va? La estarán aprovechando? Mira que en Mallorca nos falta agua….

Hinrik nos iba contando cosas por el camino y nos ponía música islandesa. Ahí descubrí Kaleo (por qué no había yo oído hablar de este grupo?). Hablamos de Björk y de Sigur Ros. Vimos desde lo lejos el famoso volcán Eyjafjallajökull, aquel que en 2010 paralizó el tráfico aéreo de media Europa. Si bien es cierto, que eso sirvió para poner Islandia en el mapa e incrementó el turismo, que es ahora la principal fuente de ingresos del país, cuando siempre lo habían sido la pesca y el aluminio. El guía nos planteó su intención de alterar un poco el orden del tour para aprovechar que el día estaba tremendamente despejado y hacer hoy el trekking por el glaciar. Una experiencia así es mejor hacerla en un día soleado y mañana no lo iba a ser tanto. Con lo cual, desde ahí sólo hicimos dos pequeñas paradas más, una en Vík í Mýrdal un pequeño y encantador pueblecito que vive a la sombra del volcán Katla, del que hace años se espera una erupción. Eso derretiría parte del glaciar Mýrdalsjökull que tiene encima y podría sepultar el pueblo. La iglesia, en lo alto, sería el punto de reunión de los habitantes, que periódicamente realizan simulacros. Muy sobrecogedor.

La siguiente parada fue en un mirador junto a un enorme campo de lava. La lava está cubierta por un musgo verde que parece una alfombra.

Vale, y entonces llegamos a uno de las experiencias más destacadas de mi estancia en Islandia. El paseo por el glaciar Skaftafell, una de las lenguas del mega glaciar Vatnajökull  (el más grande de Europa). Paramos primero a equiparnos, arnés, casco, piolet y crampones, y a que nos dieran las instrucciones de seguridad y partimos hacia allí. Impresiona mucho un glaciar, yo que nunca había visto uno, esa enorme pared de hielo escarpado y con puntas, salientes y grietas por todas partes.

Al principio cuesta andar con los crampones, te sientes muy patosa, pero en seguida te haces con el terreno y quieres moverte por todos lados. Puedes ver las capas de hielo, a veces blanco, a veces azul, y las capas oscuras de lava y tierra. Hinrik nos hizo fácil la expedición, nos enseñó algunas grietas por donde el agua se colaba de forma sorprendente, nos demostró la forma vikinga de beber, bebimos agua y probamos hielo puro recién picado del glaciar, y nos llevó a una pequeña cueva bajo la capa de hielo. En verano no es recomendable visitar cuevas pues con el deshielo puede ser peligroso, pero ésta era una pequeñita sin demasiada complicación. He visto algunas fotos de enormes cuevas que parecen talladas y decoradas a mano, sorprende pensar cómo eso lo hace el agua buscando su camino.

Una vez vivida esta experiencia que recomiendo a todo el mundo, nos dirigimos a nuestro hotel, el Smyrlabjörg, un discreto hotel de carretera, donde cenamos muy ricamente y desde donde nos dispusimos a subir a una colina cercana a eso de las 23.00 de la noche para ver si aparecían auroras. Aunque la previsión era buena y no había nubes, apenas vimos nada. Eso sí, millones de estrellas como nunca antes he visto, muchas de ellas fugaces y muchos satélites de comunicaciones orbitando. Pasamos un rato muy agradable, con muchas risas.

Día 5. El día arrancó en la laguna glaciar de Jökulsárlón, a los pies de la lengua glaciar Breiðamerkurjökull (del imponente Vatnajökull). La laguna está llena de icebergs que se desprenden y vagan hasta derretirse o salir al mar. Muchas focas viven aquí porque cuentan con cantidad de comida. El agua salada que entra desde el mar a la laguna hace que en invierno no se congele. Hicimos un paseo en un barco anfibio, donde una chica nos estaba explicando curiosidades de los icebergs cuando el que teníamos justo delante de proporciones colosales empezó a agitarse hasta darse la vuelta sobre sí mismo. Un espectáculo alucinante que tuvimos la suerte de presenciar.

Los icebergs que se desprenden pueden acabar en el mar y las olas los empujan hacia la orilla de la playa popularmente conocida como Diamond Beach. Es evidente el porqué del nombre, no?

Paramos en una pequeña cascada llamada Foss a Sidu, donde nos reencontramos con nuestros amigos caballos.

Y después venía otro plato fuerte del tour, la visita a la playa negra de Reynisfjara, tan reconocible, con sus columnas de basalto y sus puntas, que según la tradición, son tres trolls. Imposible huir de las hordas de chinos trepando y acaparando las columnas como si estuvieran en su casa. Es una pena tanta masificación, y espero que siendo como son un pueblo sensato, no caigan en los errores que hemos caído otros países y pongan límites a tanta locura. Por lo pronto me alegra que por ejemplo la carretera 1 que llega a todos estos sitios, la mantengan intacta, podrían haber hecho una autovía, o desdoblarla en más carriles, pero la han conservado como es, integrada en el paisaje y además en tramos de puentes donde sólo hay un carril para ambos sentidos. Lógicamente estos sitios de la costa sur son los más populares porque están relativamente cerca de Reykjavik y es a donde van la mayoría de los tours. Al fin y al cabo, soy una borrega más… Bueno, después de esta reflexión, diré que en la playa, la zona pasada la cueva y más cercana a los pilares estaba acordonada por peligro de desprendimientos, y ante tanta gente, me alejé a pasear por la playa y puse la vista en el otro lado, en el peñón de Dyrhólaey, con su arco y su faro. Esta es una de las playas más peligrosas de Islandia, el mar bate con fuerza y hay corrientes circulares que te podrían arrastrar al fondo.

Después, muy cerca, hicimos la mítica visita al avión DC-3 estrellado en la playa desierta de Solheimasandur. Otra pequeña decepción. Porque el sitio es místico, los restos abandonados en medio de un desierto negro lunar, el silencio sólo roto por el fuerte viento…. Pero otra vez, de nuevo, la masificación, en esta ocasión de instagramers, youtubers y demás influencers, e incluso parejas de novios, que han hecho de este sitio, gracias en parte a Justin Bieber, el centro de sus reportajes. Las dos chicas chinas que iban en nuestro tour, se cambiaban de ropa en el bus y en cada sitio salían con un outfit distinto, con trajes espectaculares, capas de gasa que el viento movía… y claro, en esta ocasión, un avión tan pequeño, lo hicieron prácticamente suyo. Aún me acuerdo de gente que me contaba como hace años las coordenadas de este sitio corrían de unos a otros como un preciado secreto, pues era difícil su localización, y tenías que andar más de una hora para encontrarlo. Ahora hasta hay un bus que te lleva a pie de avión e incluso te ponen un sello en la mano como si fueras a una discoteca. Me da a mí que mucha gente no comprende la atracción por este sitio. Nadie me lo ha confirmado, pero creo que los guías lo repudian, al fin y al cabo no es algo espectacular de la naturaleza, algo de lo que sí se puedan sentir orgullosos de enseñar. Pero lo incluyen en los tours porque la gente lo demanda. A mí personalmente me hipnotizó, e incluso he querido elegir una foto de este lugar como cabecera del post, creo que es una de las imágenes más reconocibles de Islandia.

Ya se acababa el día y me estaba entrando una tristeza enorme. En parte porque también me daba pena separarme de esta pequeña familia. La última parada fue para visitar la cueva de Rutshellir, y ya nos dirigimos hacia Reykjavik, con buena conversación y buena música, de nuevo por la misma carretera pero con el mismo paisaje en otros tonos y con otros colores.

Día 6. Amaneció lloviendo. Fue como que el tiempo nos había querido dar una tregua de dos días para disfrutar mejor el viaje largo. Sin tiempo a asimilar casi todo lo que había visto estos últimos días, hoy tenía contratada otra excursión, esta vez a la península de Snæfellsnes, donde hay un parque nacional. Esta península es llamada “la Islandia en miniatura” porque contiene un poco de todo lo que caracteriza a este país, volcanes, glaciares, acantilados y formaciones rocosas, playas negras, cascadas,… todo en un espacio muy reducido. Fue una excursión bonita, pero sin duda la más triste. Porque ya veía el final del viaje, y porque yo hasta ayer había estado de un subidón tremendo, el tiempo había sido espectacular, la gente con que había compartido tantas maravillas ya no estaba, llovía, el guía de este tour era un soso… y se me había roto el palo selfie!!! Drama mundial!!

El viaje hasta la primera parada había sido largo, de un tirón, sólo parando en una gasolinera. El guía contaba cosas porque era su obligación, pero no parecía que le apeteciera mucho, parecía que se lo sabía de memoria o lo leía en un libro. Nada que ver con mi Robert y mi Hinrik de Troll Expeditions….. No ponía música, ni islandesa ni de road trip, la gente iba callada… En fin… La primera parada fue en una colonia de focas, en Ytri Tunga. Allí pudimos ver algunas especies de focas con sus crías en las heladas aguas del Atlántico y como descansaban en la playa durante la marea baja. Un sitio muy bonito.

La siguiente parada fue en los acantilados de Gatklettur junto al pueblo Arnarstapi. Las formaciones rocosas de basalto de esta zona tiene formas imposibles, arcos, agujeros, dragones, cuevas, todo rodeado de un paisaje negro con montañas cercanas y pintorescas casas de veraneo. Aquí hicimos una pausa para comer.

A continuación nos dirigimos a otra población de veraneo, Hellnar, donde hay una cala con una maravilla de la naturaleza, Adam’s Rock, donde con la marea baja queda al descubierto una poza natural de aguas transparentes.

A continuación, siguiendo siempre la costa, llegamos a otro de los puntos más reconocibles de esta zona, Londrangar, unas agujas escarpadas junto al mar, ya en lo que es el parque nacional de Snæfellsjökull.

Después siguió para mí el plato fuerte de la excursión, y es que a mí las playas negras me fascinan, y más como ésta, la de Djúpalónssandur, donde en 1948 naufragó el Epine, un barco pesquero, y ahí permanecen sus restos esparcidos. Para entrar en la playa tienes que bajar por unos campos de lava y unas rocas afiladas que parecen un pasillo hacia un lugar enigmático.

En esta zona del parque nacional, se encuentra el volcán (y su glaciar) de Snæfellsjökull, famoso protagonista de la novela de Julio Verne, Viaje al Centro de la Tierra, pero no pudimos casi adivinarlo debido a que estaba tapado por nubes.

Luego ya nos dirigimos a la cara norte de la península, a la doble cascada de Kirkjufellsfoss, frente a una enorme playa con marea baja y un pintoresco pueblo. Pero lo que destaca aquí es la montaña de Kirkjufell, también llamada Church Mountain, de origen volcánico y de forma perfectamente cónica. Este conjunto, por su belleza, es uno de los lugares favoritos para los fotógrafos de auroras boreales.

Y así terminó el día. Más de tres horas de vuelta a Reykjavik con un montón de imágenes en la retina.

Día 7. Lo dediqué a Reykjavik, aunque la ciudad es pequeña y ya casi lo había visto todo, siempre es un placer pasear por sus calles si el tiempo acompaña. Aunque no fue el caso, porque llovía con fuerza. Aproveché entonces para ir al museo de Auroras Boreales y hacer algunas compras. Por la tarde ya tenía que ir al aeropuerto, para otro vuelo nocturno, de nuevo vía Hamburgo.

CURIOSIDADES:

En Islandia, hay más ovejas que habitantes. En verano los granjeros las sueltan y vagan libremente por donde quieran, se tienen que buscar la vida durante 4 meses y en septiembre las recogen para pasar el invierno. Es curioso, las puedes encontrar por todas partes, miras una escarpada montaña y en lo alto hay puntos blancos, son ovejas. Para la recogida, que dura toda una semana y es una de las tradiciones que más orgullosos mantienen los islandeses, se ayudan del caballo islandés, una raza autóctona, es un caballo más pequeño de lo normal, muy simpáticos y afectuosos. Por otro lado, hay muy pocos animales quitando aves y peces. Es uno de los únicos lugares del mundo donde no hay hormigas, y tampoco sufren a los mosquitos. En contra de lo que se piensa, no hay osos polares en Islandia, puede llegar alguno desde Groenlandia flotando en un iceberg, pero en cuanto los encuentran los tienen que matar porque llegan hambrientos después de un par de meses sin comer y pueden resultar peligrosos.

No hay árboles en Islandia, los pocos que hay son plantados por el hombre. Tampoco hay trenes. En cambio, todos los habitantes gozan de electricidad casi gratis gracias a que el país cuenta con los recursos naturales suficientes para producirla de forma ecológica y sostenible: por la fuerza del agua en las cascadas, el viento y sobre todo, por la energía geotérmica, que a su vez proporciona calefacción y agua caliente directamente en el grifo de los islandeses.

La principal actividad de ocio para socializar es reunirse 3 ó 4 veces por semana en una piscina termal para charlar. Haga bueno o haga malo, frío o calor. Es como sagrado. También es uno de los países con mayor índice de redes WiFi (están aislados pero conectados al mundo), con mayor índice de lectura y de asistencia al cine. Es obligatorio el inglés y el danés en la escuela, así como aprender a nadar! Es uno de los países más seguros del mundo, puedes dejar tu casa o tu coche abierto que no pasará nada. No hay apenas paro, no hay inmigración.

Es curioso como hacen un esfuerzo por mantener tradiciones así como se hacían hace siglos, por ejemplo siguen usando el sistema de apellidos antiguo, se trata de dar a los hijos el nombre de pila del padre seguido del sufijo -son si es niño o -dóttir si es niña.

Para mí la joya de su alimentación es el Skyr, un yogur sanísimo, hecho con leche desnatada, 0% grasa y mucha proteína. Entrar en las cámaras frigoríficas de los supermercados (sí, porque entras tú en la propia nevera) era entrar en el paraíso por la enorme variedad de skyr que tienen. Su gastronomía está basada sobre todo en el cordero, pero también en pescados.

Mi top:

1- la caminata por el glaciar

2- las playas negras

3- las auroras

4- los guías de Troll

5- los campos de lava

6- el skyr

7- las ballenas

8- Gullfoss

9- The Blue Lagoon

No sé cuando, pero sé que volveré a Islandia. Ahora entiendo a gente que ha hecho tantos viajes seguidos, esto engancha mucho.

Aquí podéis ver toda las fotos del viaje.

Y el vídeo recopilatorio en Youtube (que me lo acabarán bloqueando por derechos de autor, canción: Muse – “Get up and fight”):

Y el mapa de sitios de interés de Reykjavik

 

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