He ido a Rovaniemi en otoño, en septiembre para ser exactos. La gente dirá, qué, cómo? Pero si ese es un destino de invierno, típico de Navidad, no? Pues sí, pero no he querido vivir la masificación que se produce allí cada invierno, pienso que hay otros muchos sitios en el Ártico donde se pueden hacer las mismas actividades de nieve y auroras, así que pensé que otoño sería un bonito mes más tranquilo para ver otros colores, paisajes diferentes, y sobre todo (uno de los principales motivos del viaje) para ver osos en libertad antes de que hibernen.
La ruta que he seguido ha dibujado un triángulo casi perfecto, con Rovaniemi, Kuusamo y Oulu en los tres vértices, y ha atravesado el país de lado a lado, desde la frontera con Rusia en el este hasta el golfo de Botnia en el oeste, 772 kilómetros. El verdadero objetivo de este viaje era poder ver osos en libertad, pero en septiembre se pueden ver ya las primeras auroras y eso puede suponer un plus, una motivación adicional. Sin embargo, no he tenido mucha suerte ya que el tiempo no me lo ha puesto fácil, durante el día lucía un sol, casi a veces molesto, con máximas de 21-24 grados, pero por la noche con la bajada de temperaturas entraban nubes que lo tapaban todo e imposibilitaban la visión.

No hay mucho que ver en Rovaniemi. La ciudad, que cuenta con 62 mil habitantes, fue destruida en la II Guerra Mundial y tuvo que ser reconstruida de cero. Apenas ningún edificio sobrevivió, sólo lo que ahora es la Casa de la Cultura, un bonito edificio de ladrillo. La nueva planificación urbana corrió a cargo del afamado arquitecto Alvar Aalto, que se basó en la cabeza de un reno para configurar las calles y avenidas principales. Sin embargo, la ciudad ha crecido sin ningún control, y me pareció insulsa, gris y sin ninguna personalidad. Grandes centros comerciales ocupan el centro, atravesados por debajo por un autopista. Sin embargo, Alvar Aalto dejó su sello en tres edificios simbólicos, el Ayuntamiento, la Sala de Conciertos y la Biblioteca. También destaca en Rovaniemi el Museo de Ciencias, con un atrevido diseño en forma de pasillo de cristal. Y llama la atención también el puente colgante de «la vela del leñador». Justo debajo de este puente hay una joya escondida, un mural que representa la leyenda de las auroras boreales según los finlandeses. Se trata del zorro que con su cola en llamas, corre por la nieve y esparce fuego y partículas de luz, generando así las auroras boreales. En Finlandia las auroras boreales se llaman «revontulet» precisamente por ese mito «zorro de fuego», firefox.

Rovaniemi es la puerta del ártico y de la Laponia finlandesa, pero si tiene algo que atrae a miles y miles de visitantes es por ser el enclave donde habita Papa Noel, Santa Claus, o como quiera hacerse llamar. Y ahora viene mi comentario «grinch«. A sólo 15 minutos del centro de Rovaniemi (se puede llegar con el autobús 8) se despliega un enorme complejo turístico, concebido como el parque de atracciones de la navidad. No lo he podido visitar con nieve ni en navidad, imagino que puede ser muy distinto y tener más encanto, pero lo que he podido comprobar es que no destaca especialmente por nada que no puedas encontrar en otros sitios de la Laponia, renos, huskies, cabañas de madera, actividades de invierno con motos de nieve, etc… Todo eso es aquí lo mismo pero multiplicado por 100. Hoteles, resorts, apartamentos y cabañas, restaurantes de dudosa calidad, cientos de tiendas de souvenirs, y pagar por prácticamente todo, desde ver los animales o al mismísimo Papa Noel. Es pues, una auténtica fábrica de sacar dinero, ¿que gustará mucho a los niños y a las familias? No lo dudo, pero todo lo que ofrecen se puede encontrar más y mejor en otras partes del ártico. Todo, excepto Papá Noel, y mientras creas en la magia, Santa Claus Village será tu sitio.
Lo único que me llamó la atención del lugar fue poder pisar la simbólica línea del Círculo Polar Ártico. He cruzado muchas veces esa línea volando, pero nunca había estado en el punto exacto. También poder enviar postales desde la oficina de correos propia, atendida por elfos. Dos curiosidades: puedes enviar la postal normal, que sale en el mismo día, o depositarla en un buzón especial para entregas el 25 de diciembre. Así mismo, un enorme casillero almacena las cartas que los niños dejan a Papá Noel, clasificadas por países.
Poco más que hacer allí, a 19 grados, sin nieve y con muchas de las actividades cerradas por vacaciones. En sólo unas horas allí, acabé saturada de tanto color rojo y tanta navidad.

Tras dos días en Rovanimi (de los que sobra uno), cojo coche para salir en dirección hacia el este. Mi destino final está cerca de la frontera con Rusia. La primera parada técnica, para baño y café, en la bonita zona forestal de Auttiköngäs, donde hay un mirador sobre un río salvaje.
Me dirijo después al parque Korouoma, conocido porque en invierno tiene el enorme atractivo de las cascadas heladas, que se pueden escalar. En septiembre, el gran reclamo es admirar los intensos colores del otoño ártico, y el contraste con las bayas rojas y naranjas. Es más, las cascadas sorprendentemente van bastante escasas de agua. Las rutas transcurren a lo largo de un cañón de 30 kms y la cascada más importante es la Brown River (Ruskea virta), de 60 metros de altura. Advertencia, cuidado con los mosquitos que, en esta época y con las lluvias y temperaturas altas, siguen muy activos y agresivos.
Tras pasar por el pueblo de Posio, donde hay supermercados, me dirijo a Lomakeskus Himmerki, un complejo vacacional de camping y cabañas al borde de un lago. La cabaña es excepcional, tiene cocina completa y sauna, todo para mí. La noche promete, hay nubes y claros, y desde el porche hago vigilancia mientras ceno. Después de mucha espera y cuando ya me daba por rendida, aparece por el noroeste una intensa aurora, pequeñita y muy fugaz. Me alegra pues poder decir ya, por fin, que he visto auroras en Finlandia por primera vez! Ésta sería la única aurora del viaje, y eso que vendrían noches mucho más propicias.

Al día siguiente el día promete. Primero paso por Riisitunturi National Park. Es uno de los parques más apreciados por los locales y es conocido por esas estampas de los árboles nevados torcidos, sólo evidentemente en invierno. Ahora en otoño ves esos mismos árboles pero de mil colores. Se pueden hacer varias rutas de senderismo, yo hice la más corta, Riisin Rääpäsy, de algo menos de 5 kms, que es precisamente la que se hace en invierno con raquetas de nieve para ver los árboles. Sube hasta la mayor elevación de la zona (465 mts) desde donde se divisa el lago Kitkajärvi, y continua hasta un refugio de montaña, donde se pueden hacer barbacoas y pernoctar.
De camino a mi destino final paso por Ruka, una estación de esquí en medio de la nada, en la única montaña que se divisa en la zona. Recordad que Finlandia es prácticamente plana, su pico más alto es de 1.300 mts y la mayor parte de su territorio está bajo el nivel del mar. Nada que ver aquí, y menos en septiembre, así que sigo mi camino ansiosa por llegar a…

He volado desde España para llegar hasta aquí. La emoción me puede durante todo el camino. Tengo que decir que ésta es una de las cosas que más me ha impresionado ver en la naturaleza, en estado salvaje, en su habitat. Y os preguntaréis… pero si has visto un oso polar en Svalbard, no? Sí, pero fue tan en la distancia que apenas se lograba ver a simple vista, sólo con prismáticos o con el zoom de la cámara. Y sí, no pongo en duda que aquel fue un espectáculo majestuoso, sí, pero estos osos en Kuusamo estaban muy cerca, diría que a 50-70 metros, y eso impresiona enormemente. Puedes apreciar su tamaño, su pelaje, sus movimientos, hasta casi notar su respiración,…
También impresiona el ser consciente que esos osos andan a sus anchas, que no hay vallas ni medidas de protección, que en cualquier momento pueden coger el camino por donde yo conducía (y donde me paré a sacar algunas fotos) y llegar a una granja o a una población. La zona forestal donde habitan se adentra en Rusia cientos de kilómetros, probablemente estos osos son rusos, ya que es pequeña la zona finlandesa en comparación. Pero, según nos explicó la guía, no tienen ninguna intención de salir de su bosque, de su zona de confort. Es más, intentan evitar cualquier interacción con humanos.
Vamos por partes. Os explico todo con detalle. Abajo encontrarás un vídeo y un mapa, si no puedes esperar clica aquí y aquí.
La llegada. Tras más de 40 kms la carretera se vuelve cada vez más secundaria, ya no es carretera, es ya una pista forestal, empiezan a desaparecer las últimas casas, granjas, y cualquier señal de vida humana. Y lo que empiezan a aparecer son torretas de vigilancia. Los de Karhu-Kuusamo nos habían convocado a todos a las 15.45 en el meeting point del parking. Adelantaron la hora pues los días ya se van haciendo más cortos y hay que aprovechar las horas de luz. 4 horas va a durar la actividad. Allí nos encontramos con dos guías, dos chicas, que nos dividen en dos grupos, iremos cada uno a una caseta de avistamiento diferente. A mí me toca con una pareja de alemanes y otra pareja de italianos.
Los hides son bastante apañados, grandes ventanas en el frontal y los laterales, con bastantes sillas a dos niveles, prismáticos, soportes para cámaras, y agujeros para sacar los objetivos y poder hacer fotos sin cristal de por medio. Hay también unas camas, porque en verano te puedes quedar a dormir y aprovechar las 24 horas de luz ya que los osos están activos a cualquier hora (duermen una media de sólo 4 horas al día). Dispone también de un wc seco sin cisterna, estufa, cocinilla y material informativo, libros, fotografías etc… Las ventanas permiten ver de dentro a afuera, pero no al revés. Y una vez entras en la caseta ya no puedes salir hasta al cabo de esas 4 horas.
Las normas: silencio, se puede hablar pero a un tono muy bajo, casi susurrando, hay que intentar evitar ruidos bruscos, movimiento de sillas, mochilas, cámaras, etc… Se puede comer y beber pero te recomiendan que no lleves perfumes fuertes ni lociones anti mosquitos, pues esos olores no les gustan. También te indican que pongas el móvil en silencio, o mejor aún en modo avión, porque así evitas la posibilidad de conectar con la señal rusa debido a su proximidad y te ahorras problemas. También te advierten de no sacar las manos por los agujeros de los objetivos.
Los preparativos. Una vez ahí dentro, qué pasa a continuación? Pues la guía nos explica que ahora va a salir a echar los reclamos para los osos. Les dan comida? La respuesta es sí, pero no os decepcionéis, son sólo reclamos, no les dan de comer como en un zoo ni es su única fuente de alimentación. Esto no es ni una reserva ni un santuario, es un parque natural y los osos hacen lo que quieren, van a donde quieren, y no porque les pongan delante comida fácil van a venir. De hecho, nos cuentan que en la última semana hay días que no han aparecido o muy vagamente. Y tampoco es echarles la comida y que aparezcan todos como gallinas, de hecho tuvimos que esperar más de 1 hora y media para ver llegar al primero. Y el último que vino no comió nada de lo que habían echado. En otoño está casi asegurado el avistamiento porque precisamente ahora, a poco de la hibernación, el oso tiene que ganar todo el peso posible y cualquier fuente de comida es bien recibida.
Pues bien, las guías salen. Una en un quad se adentra cerca del bosque, la otra a pie cerca de las casetas, dejan algunos pescados estratégicamente colocados, incluso en lo alto de troncos para que se levanten a dos patas, en el pantano, cerca de las casetas… Y lo hacen sin protección ninguna. Me sorprendió mucho, sobre todo después de ver que en Svalbard no puedes ir a ninguna parte sin un rifle. El oso polar es el mayor depreadador del mundo y no dudaría en atacar y devorar a un humano, los osos pardos en cambio no. Después de dejar estos cebos, vuelven y ya solo queda esperar.
La espera. Cruzamos los dedos a esperar a que alguno se digne a venir. Según nos contaban, suelen llegar desde el lado ruso, que quedaba justo a nuestra derecha, éramos por así decirlo la primera caseta que se encontrarían si vinieran por el camino desde el este, desde Rusia. Las casetas miran hacia el norte, hacia un gran pantano rodeado de bosque. Podéis ver este mapa que he preparado. Nuestros ojos iban a toda velocidad rastreando cualquier movimiento inusual, cualquier ruido, cualquier indicio. Muchas aves nos entretuvieron, entre ellas dos águilas de cola blanca apostadas en lo alto de unos árboles secos, y varios cuervos que tienen la costumbre de avisarse entre ellos de la presencia de osos con un peculiar graznido. En esas estaban cuando de pronto….
El primer oso… Cuando ya llevábamos 1 hora y media de larga espera alguien dijo: «allí». De pronto de la nada, desde lo más profundo del bosque salió un enorme ejemplar, oscuro, con el pelo brillante, y rápidamente se dirigió al tronco de árbol seco que hay en el centro del pantano, y allí empezó a regodearse y a revolcarse mientras comía. Parecía que nos miraba, que sabía que era el centro de atención, parece como si estuviera haciendo una actuación para nosotros. Después se movió y se acercó más a donde estábamos, se sentó junto al tronco de un árbol y empezó a frotarse con él para rascarse. Tenía una enorme cicatriz en la parte baja derecha del lomo, seguramente de algún enfrentamiento con otro macho. Después de unos 25 minutos se fue adentrándose de nuevo en el bosque.
El segundo oso… Por el mismo punto por donde se había el otro oso, apareció un segundo ejemplar. Nos dimos cuenta que no era el mismo, pues no tenía la cicatriz. Este tenía una oreja caída, nos dijo la guía que seguramente en una pelea se la dañó. Poco pudimos ver de él porque enseguida se fue hacia el lado más izquierdo y estuvo comiendo al borde de la caseta 3. Fueron muy afortunados, nos comentaron que estuvo a 3 o 4 metros delante de sus ventanas.
El tercer oso… Cuando estábamos concentrados en intentar saber donde estaba el otro oso, esforzándonos en divisarlo por detrás de la caseta más hacia la izquierda, apareció una mole desde le bosque, el tercer oso. Al principio pensamos que era el primer oso que volvía, pero no, claramente era otro, porque era de un tamaño inmenso y sobre todo porque tenía un pelaje más claro por la cabeza y el pecho. Nos dijo la guía que este era el líder en la escala jerárquica, el mayor y más poderoso. Se sentó al borde del pantano, bien delante de nuestra caseta y comenzó a olisquear en el aire, seguramente a nosotros, pero también al otro oso. De hecho, acto seguido, bien decidido, se encaminó bordeando el pantano por el limite del bosque hacia donde se encontraba. No pudimos ser testigos del encuentro, no sabemos si amistoso o no, pero poco después este enorme oso salió literalmente corriendo y desapareció…
Cuando desapareció este tercer oso, las guías salieron para asegurarse que el segundo no quedaba por ahí, confirmaron que también había huido después del encuentro con el jefe, y pudimos ya dejar las cabañas. De camino al parking, ya no podíamos mirar el bosque con los mismos ojos, escudriñábamos cada rincón, cada rama caída, nuestro cerebro seguía activo… Tuvimos mucha suerte de poder ver tres osos en la misma tarde, tres machos.
Volviendo por los caminos secundarios, en ese momento del día que ya no hay sol pero la luz sigue alumbrando aunque muy tenuemente, tuve la fortuna de poder ver dos alces. Es precisamente a esa hora cuando salen de su refugio que son los bosques, son animales muy asustadizos y esquivos, y es a esa hora cuando encuentran más tranquilidad. El primero lo vi porque el coche que llevaba delante, el de la pareja de italianos, frenó, porque habían visto un alce en un pequeño prado a la derecha de la carretera. Era uno enrome con grandes cuernos, que nos miraba. Fue visto y no visto, cuando quise coger el móvil para hacerle una foto ya había desaparecido. Y el segundo fue ya más adelante, ya con más oscuridad que mis faros lo vieron meterse rápidamente por la cuneta hacia el bosque, éste segundo no tenía cuernos. Ver un alce también es cuestión de fortuna, casi como encontrarte con un unicornio.

Después de dormir en Kuusamo, me dirigí casi en línea recta desde el extremo más al este hasta el oeste en el golfo de Botnia, hasta Oulu, cruzando todo el país a lo ancho. Oulu es la cuarta ciudad en importancia de Finlandia, con poco más de 200 mil habitantes, después de Helsinki (contando con Espoo y Vantaa como parte de la región capitalina), Tampere y Turku. Tiene algunas bonitas casas históricas de colores cerca del puerto y un mercado que me recordó mucho al Vanha kauppahalli de Helsinki. Un agradable café, un paseo, y algunas compras después ya estaba de camino hacia mi próximo alojamiento, situado a 1 hora y media, al borde mismo del río Kemi, el río más largo de Finlandia y que siguiendo la carretera paralela me llevaría de vuelta a Rovaniemi.
Como curiosidad dormí esa última noche, al borde del vías del tren por donde pasa el tren nocturno de Santa Claus Express, en un histórico establecimiento decorado como en la época dorada de los años 20, que fue ayuntamiento, asilo, hospital y está integrado en una antigua granja de caballos con una iglesia. Allí pude apreciar por la noche una muy muy ligera aurora, que sólo se captaba en las fotos y muy débilmente.
Ya de vuelta a Rovaniemi dormí en el Hostel Cafe Koti, una maravilla en pleno centro, con un café acogedor perfecto para pasar tardes de lluvia, con buen café y buen desayuno! Completé mi viaje con una noche en Helsinki, ciudad que adoro.
Todos los alojamientos:
Rovaniemi, 3 noches. Arctic Honey City Suite
Posio, 1 noche. Holiday Village Himmerki
Kuusamo, 1 noche. Goiglo Hostel
Kemi, 1 noche. Pohjanranta
Rovaniemi, 1 noche. Hostel Cafe Koti
Helsinki, 1 noche. CityBox Helsinki



































































































































