Munich, Salzburgo y Baviera

He tenido la suerte de elegir Múnich como destino para esta Semana Santa, donde ha hecho un tiempo fuera de lo normal. Toda Centro Europa ha disfrutado de un clima primaveral, casi veraniego diría yo, y en esas circunstancias, sin duda, todo luce más bonito.

Múnich es una ciudad espectacular. Podría asegurar sin equivocarme que es una ciudad ideal para vivir. La calidad de vida de una ciudad se puede medir en la cantidad de parques y zonas verdes, limpieza, amplias plazas y avenidas, monumentos, transportes más que eficientes, museos y cultura, y entornos cercanos de postal, aire fresco y puro de las montañas… La capital bávara tiene todo eso. No hacen falta muchos días para conocerla, con dos o tres es suficiente, por eso se puede combinar con alguna excursión cercana. Y hay muchas opciones. Salzburgo queda a menos de dos horas en tren, y los castillos y palacios de Neuschwanstein, Linderhof o Herrenchiemsee, herencia del rey Luis II de Baviera, quedan bastante cerca y son visitas imprescindibles.

Pero vayamos por partes. Tenemos la suerte (yo creo que lo es) de estar comunicados desde Mallorca con cualquier ciudad alemana con vuelo directo y barato. Con Ryanair o Eurowings puedes encontrar vuelos de ida y vuelta por 20 euros.

El aeropuerto de Múnich, inmenso, está a unos 45 minutos del centro de la ciudad. Se puede llegar cogiendo un tren de cercanías, el S8 o el S1. Cualquiera de ellos te deja en alguna estación del centro, Ostbanhof, Haubptbahnof, Marienplatz, Karlsplatz… Dependiendo de tus planes durante la estancia, se puede comprar el Airport-City-Day-Ticket por 13 euros, que además del trayecto del aeropuerto a la ciudad, te permitirá usarlo en cualquier otro transporte hasta las 6 de la mañana del día siguiente. La mayoría de hotspots de la ciudad se pueden hacer a pie, el centro antiguo no es muy grande, quizá sí haría falta un billete sencillo para llegar hasta el Nymphenburg Palace, pero poco más. También es una buena opción comprar un stripe ticket, que viene a ser como un bono-bus con 10 viajes sin tiempo límite para usarlo entre varias personas (14 euros). Pero ojo que para trayectos de más de 4 paradas, hay que marcar dos veces.

El casco histórico de Múnich es circular y está rodeado por tres grandes puertas de acceso, Karlstor, Sendlinger Tor e Isartor. Dentro de este perímetro hay calles peatonales, plazas, iglesias, y destaca por encima de todo la Marienplatz con la impresionante fachada del nuevo ayuntamiento (recuerda un poco a la Grande Place de Bruselas). Es obligatorio ver cómo danzan las figuritas del carrillón, a las 11, a las 12, y en primavera verano también a las 17 hrs. También es casi obligatorio subir a la torre, las vistas son increíbles en un día claro. Hay ascensor y cuesta 3 euros. En la plaza destaca también el antiguo ayuntamiento con su torre, ahora convertida en el Museo del Juguete, y las dos torres bulbosas de la catedral que asoman por un lado y la iglesia de Peterkirche por otro, también con su empinada torre a la que se puede acceder, a pie, por 3 euros.

Múnich es una ciudad de impresionantes iglesias católicas. Pero de eso hablaré más tarde.
Hacia el norte de Marienplatz parte la Weinstrasse que se prolonga en la Theatinerstrasse, calles comerciales que atraviesan distintas plazas y monumentos. En esta zona está el templo gourmet Dallmayr, las galerias Fünf Höfe, el palacio Residenz, plazas como Max-Joseph-Platz o la Odeonplatz, curiosas calles como Drückebergergasse con sus adoquines dorados y su historia, y preciosos jardines como el Hofgarten.

A partir de ahí se abre el barrio del arte, el Kunstareal, dentro del distrito universitario, Maxvorstadt. Amplias avenidas, enormes museos en edificios neoclásicos, todo construido por la realeza en estilo parisino para tratar de convertir la ciudad en el centro cultural y artístico más importante de la Europa de principios del XIX. Destaca por encima de todo la Königsplatz, con la Gliptoteca, los Propileos y la colección estatal de antigüedades, tres edificios de estilo dórico, jónico y corintio. Si continúas más hacia el norte, de camino al Markt am Elisabethplatz, las calles recuerdan al Sodermalm de Estocolmo, al Grünerløkka de Oslo o a la calle Oderberger Strasse de Berlín, bonitas fachadas de colores, con tiendas de segunda mano, librerías y deliciosos cafés ecológicos.

Si continúas dirección hacia el este por calles residenciales salpicadas de imponentes mansiones con jardines llenos de magnolios y aromáticos jazmines, llegas al Englischer Garten, el verdadero e inmenso pulmón de la ciudad. Aquí puedes disfrutar de una jornada entera. La parte norte más asalvajada y con un enorme lago; la parte sur más diseñada para el disfrute y esparcimiento con extensas praderas de césped, bosquecillos de robles y fresnos, riachuelos, pabellones… pasar un día de sol haciendo un picnic con amigos o con los perros es el pasatiempo favorito de los muniqueses. Justo en el centro se alza la pagoda china con un gigantesco biergarten a sus pies, muy concurrido y con música tradicional en directo. No puedes salir del parque sin pasar por la famosa ola, en el extremo sur. Aquí el río Eisbach se vuelve caudaloso y el desnivel forma unos rápidos al salir de un puente donde se genera una ola muy afamada por los surfistas, que hacen cola para tirarse de uno en uno, haga frío o calor. Es todo un espectáculo.

Siguiendo hacia el sur, se puede llegar al mercado Viktualienmarkt, con puestos de productos autóctonos, destacando en esta época del año los enormes espárragos blancos. Y a la zona, en mi opinión, más cool de Munich, la plaza Gärtnerplatz con cafés, restaurantes y bonitas boutiques vintage. Las cercanas Müllerstrasse o Fraunhofestarsse son calles con mucho encanto.

Una visita obligada es al cercano Nymphenburg Palace, en el tranvía 17. Un fabuloso y descomunal palacio rodeado de canales y con uno de los parques estéticamente más bellos de la ciudad. Junto al palacio se encuentra el Jardín Botánico, una verdadera joya para visitar en primavera. Su jardín ornamental, así como la zona de invernaderos, o los bosques de especies alpinas, lo convierten en una visita inigualable (5,50 euros).

Junto a la estación central están muchos de los hoteles de la ciudad, el mío Cocoon Haubptbahnof está decorado con mucha gracia como un refugio de montaña suizo. Estar ahí alojada me ha resultado práctico pues muchas de las excursiones guiadas parten de ahí, y también los trenes de cercanías.

Un día en Salzburgo. Un día hay que dedicarlo a la ciudad natal de Mozart. En tren se tarda menos de 2 horas y cuesta unos 25 euros ida y vuelta. Va parando en diversos pueblos, aunque mucha gente se baja en Prien am Chiemsee para visitar el lago y el palacio de Herrenchiemsee. Una vez en Salzbzurgo, al llegar a la estación y bajar hacia el centro lo primero que te encuentras es el coqueto palacio de Mirabell con sus coloridos jardines, y después se puede cruzar el río Salzach por el puente peatonal Makartsteg, plagado de candados. Esto te lleva al casco antiguo, que en un día soleado de primavera, puede estar abarrotado de gente que inundan sus estrechas calles.

Es inevitable pasar por la calle Getreidegasse, donde está la casa de Mozart, llegar hasta la plaza Alter Markt, llena de cafés y casas de colores pastel, a la plaza de la Universidad con un mercado y la iglesia Kollegienkirche, darte el lujo de tomar un café en el histórico Tomaselli, admirar la Catedral y las plazas de Residenzplatz y Kapitelplatz con su enorme bola dorada. Desde aquí se puede acceder al funicular que te sube a la Fortaleza, desde donde se disfruta de una vista de toda la ciudad.

Excursión de 1 día a Neuschwanstein y Linderhof, si quieres vivir un día mágico tienes que hacer esta visita. La mente de Luis II de Baviera ideó castillos y palacios sacados de leyendas y cuentos de hadas, que no dejan indiferente a nadie. Recomiendo leer su historia, te permitirá ver sus obras con otros ojos.

Casi dos horas en autobús, con los Alpes Bávaros y sus cimas nevadas cada vez más cerca. De pronto ahí está el castillo de Neuschwanstein, incrustado en la inmensidad de las montañas, con sus agujas y torres. El bus aparca en el pequeño pueblo de Hohenschwangau, donde también destaca su castillo amarillo en lo alto de una colina. Pero el principal reclamo es el castillo del rey loco o de Disney, ya que sirvió de inspiración para el castillo de la bella durmiente. Hay varias opciones para subir: a pie unos 40 minutos por una empinada cuesta, en coche de caballos, o en un servicio de minibus. Yo recomiendo esta última opción. ¿Por qué? Porque te deja a los pies del puente de María, Marienbrucke, desde donde se obtiene la mejor y más espectacular vista del castillo. Nosotros así lo hicimos y apenas tuvimos que hacer cola, en cambio otros que decidieron subir a pie cuando llegaron al puente la cola era ya de horas y se quedaron sin verlo. Desde el puente al castillo hay una corta caminata de 15 minutos, y finalmente la bajada se puede hacer perfectamente andando.  El castillo en sí no es gran cosa. Aunque es de estilo historicista medieval, se ve nuevo, de una época reciente, y eso le resta algo de encanto. Lo que sí impresiona sin duda es el entorno en el que está construido, es apabullante. A sus pies está el lago Alpsee, con patos y cisnes.

El palacio de Linderhof es otra historia, otro estilo. Más coqueto y elegante, está situado también en un entorno impresionante, más cerca aún de las cumbres nevadas y con un majestuoso parque y fuentes. El estilo versallesco y palaciego parece fuera de lugar en un entorno tan agreste y montañoso.

Recomendaciones:

Iglesias: me han dejado muy sorprendida las iglesias católicas de Múnich por su grandiosidad y luminosidad. Peterskirche, Michaelskirche, Theatinerkirche o Heiliggeistkirche son ejemplos claros. O la Catedral de Salzburgo.

Cafés o comer algo sencillo: Cotidiano, Man Versus Machine Coffee Roasters o la cafetería en la azotea del hotel Flushing Meadows son algunos de los sitios de moda. Si quieres tomar algo con vistas panorámicas, debes subir al café de la universidad técnica, el Café im Vorhoelzer Forum

Comer: el siempre delicioso Neni, o los variados buffets con vistas de los grandes almacenes Oberpollinger o de la galería Kaufhof.

Compras: Funf Hofe o tiendas que me dejaron loca como Manufactum Warenhaus.

Otros: el Deutches Museum es uno de los museos más interesantes de Europa, pero preferí disfrutar el día al aire libre y no en un museo. En otra ocasión. La conocida cervecería Hofbrauhaus, si no para comer, aunque sea hay que entrar a mirar el ambiente.

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